Estrategia Nacional de Manejo Sustentable de Tierras
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El Sistema Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Degradación de los Recursos Naturales (SINADES)

Marco Conceptual

Manejo Sustentable de Tierras
Se entiende por manejo sustentable de tierras al sistema de prácticas de gestión de los recursos naturales terrestres para aprovechar, conservar, restaurar y mejorar su estructura, funcionalidad y productividad ecosistémica y económica, sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras. Dicho sistema comprende la implementación de técnicas y las condiciones necesarias que hacen posible su aplicación y tiene lugar en territorios donde confluyen determinaciones sociales, culturales y económicas, rurales y urbanas.

Desertificación
Es la degradación de las tierras de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas (CNULD, artículo 1).

Degradación de tierras

La degradación de tierras se define generalmente como una “reducción temporal o permanente en la capacidad de producción de la tierra” (UN/FAO). Otra definición la describe como “la disminución acumulada del potencial productivo de la tierra, incluyendo sus principales usos (suelo arable de secano, de regadío, pastos, bosques), sus sistemas de cultivo y su valor como un recurso económico” (GEF). Como soporte de todos los ecosistemas terrestres, se considera al suelo y su calidad como uno de los mejores indicadores de la degradación de la tierra. El suelo integra una importante variedad de procesos como la de soporte de la vegetación natural y cultivada, el flujo de agua en la superficie o la infiltración, reservorio de nutrientes, carbono y biodiversidad, entre otros. Por ello, la degradación del suelo ha llegado a ser, en sí misma, un indicador de la degradación de la tierra. Los indicadores para analizar el estado que guardan los suelos son también los más robustos y mejor sistematizados hasta hoy en día (Pieri et al, 1995).

La degradación de la tierra también constituye un proceso socialmente construido donde las políticas públicas, los mercados, la tenencia de la tierra y los sistemas de producción han jugado en doble sentido. Por un lado, han funcionado como incentivo hacia la degradación, promoviendo un uso más intenso y menos sustentable de los recursos; y por el otro, han promovido la productividad, enmascarado procesos de degradación mediante el uso de tecnologías (fertilizantes, maquinaria, agroquímicos, sistemas de riego, entre otros) dando como resultado un temporal y precario sentido de seguridad productiva. En este sentido, la degradación antrópica de las tierras constituye un proceso biofísico acelerado y promovido por causas y necesidades socioeconómicas y políticas.

Causas de la degradación de tierras
Las causas de la degradación de tierras son múltiples, pero la gran mayoría se originan del mal manejo que se les han dado, su explotación inadecuada como las prácticas agrícolas poco sustentables, el sobrepastoreo y la deforestación. También se arguye que la tenencia de la tierra juega un papel muy importante pues existen pocos o ningún tipo de incentivo para invertir en el manejo sustentable de la tierra y se suele más bien utilizar para la satisfacción de necesidades en el corto plazo.

La pobreza también es reconocida como un motor que desencadena a la degradación de tierras así como la inseguridad alimentaria, el acceso restringido a los mercados, la sobrepoblación y algunos factores biofísicos como los huracanes, actividad tectónica, y esto se evidencia mayormente en contextos dónde existen problemas de pobreza. En su conjunto, uno de los factores más importantes para la degradación de tierra es el contexto socio-político y económico en el cual el uso de tierras ocurre (Comprehensive Assessment of Water Management in Agriculture Institute, 2007).

Tipos de degradación de tierras
La degradación de las tierras puede componerse de uno o más factores tales como la degradación de los suelos, el deterioro de la calidad y cantidad de los recursos hídricos y de la degradación de los recursos bióticos.

Los factores causales de cada uno de ellos pueden ser naturales, como fenómenos hidrometeorológicos extremos o antrópicos, como las actividades agropecuarias y forestales, mineras, industriales y de servicios que sobreexplotan los recursos terrestres, o bien una combinación de ambos.

Cuando los factores que propician la degradación de tierra, afectan en un inicio al componente suelo, éstos pueden conducir a manifestar procesos degradativos físicos, químicos y biológicos. Entre los procesos físicos de degradación de suelos se ubican el deterioro de la estructura que conlleva al encostramiento, compactación, erosión e inundaciones. Los procesos químicos incluyen acidificación, lixiviación, salinización, disminución o pérdida de fertilidad. Los procesos biológicos incluyen la reducción de la biomasa y del contenido de carbono y pérdida de biodiversidad de fauna edáfica.

Al incorporar la degradación de otros componentes de la tierra, los procesos pueden agruparse en:
• Disminución y pérdida de fertilidad,
• Aumento de salinización,
• Contaminación por sustancias tóxicas
• Erosión del suelo,
• Deforestación, fragmentación y degradación de vegetación forestal
• Aridificación,
• Desertificación
• Deterioro de recursos hídricos

Consecuencias de la degradación de tierras

1. La disminución de la resistencia y resiliencia de los ecosistemas. La estabilidad de los ecosistemas dependen de dos componentes principales, a saber i) la resistencia, que es la capacidad que tienen los ecosistemas de hacer frente a una perturbación sin cambiar su estructura y dinámica, dependiendo del tamaño de los almacenes de materia y energía, y ii) la resiliencia (o elasticidad) que es su capacidad de regresar al estado anterior a la perturbación, lo cual está determinado por sus tasas metabólicas (García-Oliva, 2005).
2. La disminución de la capacidad de adaptación a cambios globales. Dado que la estructura y funcionamiento de los ecosistemas se deterioran por el proceso de degradación su capacidad de resistir o hacer frente a perturbaciones como huracanes, eventos extremos (inundaciones, sequías), migraciones, aumento de capacidad de carga, cambio climático entre otros, se verá muy reducida.
3. El debilitamiento de la capacidad de respuesta y adaptación de la población afectada a los cambios ambientales, climáticos y económicos ocasionados por fuerzas externas que afectan el mejoramiento de sus condiciones de vida.
4. El detrimento de los servicios ecosistémicos de la tierra, como pueden ser (Millennium Ecosystem Assessment, 2005.

Importancia de la planificación del uso de la tierra
A cualquier forma de alteración o afectación del potencial natural de los recursos terrestres que afecta a la integridad de los ecosistemas (naturales y manejados) y reduce su productividad, limitando su capacidad de recuperación y disminuyendo su riqueza biológica, se le conoce como degradación. La alta complejidad de este fenómeno y su alarmante intensificación y expansión en el mundo han llevado a plantear esfuerzos y estrategias globales para tratar de detener y revertir el grado de impacto que sufren los ecosistemas (GEF, 2006).

Evidentemente, la planificación del uso de tierras, su conservación y recuperación y su aprovechamiento de manera sustentable en el corto, mediano y largo plazo, es un ejercicio complicado, pero viable y en el cual, se tienen necesariamente que retomar nociones sobre ordenamiento territorial y todos aquellos conocimientos sobre la ocupación o utilización del territorio.

La planificación del uso de tierras es un proceso en el cual se evalúan sistemáticamente los factores físicos, sociales y económicos con la finalidad de incentivar y estimular a los “usuarios” y dueños de los recursos (actores que tengan que ver con el territorio y todos sus recursos), a que evalúen y seleccionen diferentes escenarios y alternativas para incrementar su productividad sin generar externalidades significativas y para que también puedan cumplir con las necesidades y demandas de la sociedad (FAO, 1981) en cuyo grupo de objetivos y problemática reconocidas puede estar sin duda, detener o revertir la degradación de las tierras por todas las implicaciones y consecuencias que esto conlleva esperando obtener cambios que impacten en forma positiva el medio geográfico en las escalas previstas.

La planificación territorial también tiene como finalidad aprovechar los recursos de manera sustentable ya que sus estrategias se alinean con los principios de la sustentabilidad. Por ello, este proceso o algunas de sus fases, tiene que ver también con el manejo sustentable de tierras, si se conciben a dichas tierras como componentes fundamentales del territorio.

Degradación de tierras y cambio climático

El incremento de las actividades productivas en el uso de la tierra, por la presión demográfica, aunado a las fluctuaciones en el clima y sus eventos consecuentes han generado el aumento en cuanto a la intensidad de los procesos degradativos. El aumento en la cantidad de energía acumulada en la atmósfera desestabilizará el equilibrio climático global existente. También en la distribución temporal y/o espacial climática se pronostican variaciones, lo que agudizará los periodos de lluvia que se intensificarán, así como se extenderán los periodos de sequía, por lo que los escenarios climáticos que se vislumbran en conjunto con los procesos de degradación de tierras son adversos (García R.J.L, 2008).